|
ACTO 1

El
Profeta y el
Bodhisatva
Más allá
de las tres Lunas de
Tripdónm, de las
montañas de Imanó. Del
templo del Dharma,
existe una duna gigante
donde juegan los dilios
buscando pareja. No es
un lugar más allá; es
más acá, pero no está
cerca. Habitan sus
bordes los binjes del
tiempo vestidos de
duendes poetas. Aún ahí
caminan sin distancia
los esenios de Judea...
los pasos perdidos de
Almustafá y Maitreya,
convergen en sus
sandalias de Boddhisatva
y Profeta...Existe una
higuera, bendita y
maldita por eterna....
Aquella que un día no le
dio fruto a Jesús y fue
secada, la misma bajo la
cual se iluminó el
Buddha cobijado en su
sombra..... Cuentan los
dharmis que la vida es
esa higuera, maldita y
bendita, fiel y
traicionera....
Pero ya no hay palabras,
el duende del tiempo nos
hace girar y el tiempo
se viene hacia nosotros
con prisa ..... el mar
juega a chocar con el
morro y sus pasos se
acercan a la multitud
del pueblo de Bahía,
donde María Magdalena
danza vestida de Imanyá.
Había una piedra
nazarena, en la arena,
era la primera, que un
hombre de pelo largo
arrojó a las manos del
Maitreya,.... mientras
este la guardó. En una
parte del planeta tierra
donde estaban Almutafa y
Maitreya... Los
magistrados y los
ancianos se dispusieron
a preguntar, por el
crimen y el castigo, la
traición y su pena.
(Callad, escuchad,
meditad: toman vida el
Bodhisatva y el
Profeta). El Profeta de
Orfalecis recordó a
Almitra, la cual llevaba
en su adentro y sus
palabras buscaron el
corazón de los jueces
del país de los cedros y
este respondió.
Almustafá "El Profeta":
El justo no es inocente
de los actos del
malvado. Sí, porque
muchas veces el
condenado es víctima del
ofendido. Y con más
frecuencia aún, el reo
carga con la culpa del
inocente y del puro. No
podéis separar al justo
del injusto, ni al bueno
del malvado. Porque
juntos están frente al
rostro del sol, de igual
modo que el hilo blanco
y el hilo negro están
juntos en la trama del
tejido. Y cuando
el hilo negro se rompe,
el tejedor revisa la
tela entera, y también
el telar. Si alguno de
vosotros llevara a
juicio a la mujer
infiel, poned también en
la balanza el corazón de
su marido y pesad
también en la balanza la
verdad de su alma.
Maitreya: Y qué es la
traición, más que
nuestras ambiciones y
deseos no cumplidos por
los otros.
Almustafá: ¿Qué
sentencia pronunciaréis
contra quien, aunque
honesto según la carne,
es ladrón en espíritu?
Maitreya: ¿Y qué
sentencia merece quien
ha sido infiel a nuestro
sentimientos pero ha
permanecido fiel a los
suyos?
Almustafá: Más yo os
digo que de igual forma
el más santo y el más
justo no pueden elevarse
por encima de lo más
sublime que existe en
cada uno de vosotros,
tampoco el débil y el
malvado pueden caer más
abajo de lo más bajo que
existe en cada uno de
vosotros.
Maitreya: Y recordad que
el responsable de la
traición es también el
traicionado. Cuántos
crímenes hemos cometido
en nuestras mentes,
cuántas mentiras se
ocultan en nuestros
silencios, cuántas veces
hemos aparentado lo no
cierto, cuánto odio
hemos sentido en
nuestros días sin
confesarlo. Y una
sonrisa, si acaso, ha
servido de velo y de
recompensa al lado
oscuro del corazón.
Un juez
de entre todos habló a
Almustafá y Maitreya:
Juzgar es difícil, de
tal manera que jamás un
veredicto es cierto y
menos se hace justo....
Maitreya: Sin embargo a
cada instante juzgamos a
todos los actores de la
vida de diversos modos.
Y de cierto os digo que
sobre un mismo caso
fallaremos de maneras
diferentes, según
nuestros estados de
ánimo, nuestras edades y
convenir. Porque de
cierto todos sabemos que
no es el mismo el niño,
el joven y el adulto que
ha vivido en nuestro
interior alguna vez...
Más por acaso tened
presente: que lo
necesario siempre es
culpable de su falta,
para poder vivir.

Autor
Swami Maitreyananda,
Fernando Estévez Griego
|